Abarth

El ADN técnico de Abarth se basa en una premisa esencial: la ligereza y la respuesta valen más que la potencia bruta. Un Abarth no se define por cifras en un papel. Se define por cómo se siente al conducirlo. Por cómo acelera, por cómo se mueve, por cómo parece desafiar las leyes físicas a pesar de su tamaño compacto.

En los modelos clásicos, Abarth trabajaba los motores pequeños con una habilidad casi artesanal. Ajustaba carburadores, culatas, árboles de levas y escapes para extraer potencia donde parecía imposible encontrarla. Pero no era solo cuestión de motor. También aligeraba carrocerías, modificaba suspensiones y afinaba chasis para que el coche fuese un arma en curvas.

En la era moderna, el ADN se ha mantenido. Los motores turbo de 1.4 litros de los 595 y 695 son pequeños pero tremendamente expresivos. Responden con inmediatez, suben de vueltas con entusiasmo y generan un sonido que no tiene comparación en su segmento. Los chasis son cortos, nerviosos y divertidos. La dirección es directa y viva. Las suspensiones, firmes y comunicativas.

Abarth no busca ser perfecta. Busca ser intensa.