Audi R8 4.2 FSI V8 (42)
El superdeportivo con el que Audi hizo historia

Presentación del modelo
El Audi R8 4.2 FSI fue una declaración de intenciones. Cuando apareció en 2006, el mundo aún no asociaba a Audi con superdeportivos de motor central. La marca estaba ligada a berlinas de lujo, a tecnología quattro, a una elegancia fría y sofisticada.
Pero el R8 rompió todos los esquemas. Era bajo, ancho, futurista, agresivamente limpio en sus líneas. Tenía presencia, tenía proporciones de coche serio y, sobre todo, tenía una ambición especial: demostrar que Audi podía crear un deportivo capaz de mirar de frente a Porsche, Ferrari o Lamborghini sin complejos.
El R8 4.2 FSI no era un simple escaparate tecnológico. Era un coche honesto, hecho para conducir, para sentir, para disfrutar. Y lo que sorprendió al mundo no fue su cifras, sino su comportamiento: equilibrado, noble, comunicativo… un Audi que por primera vez transmitía emoción pura desde el asiento del conductor.
Características técnicas
Bajo el cristal posterior vivía el alma del coche: un V8 atmosférico de 4.2 litros, inyección directa FSI y 32 válvulas, capaz de girar con una suavidad y una rabia controlada que enamoraba.
– Potencia: 420 CV a 7.800 rpm
– Par: 430 Nm
– Transmisiones: manual de seis marchas o R-Tronic
– Tracción: quattro, con predominancia al eje trasero
– 0–100 km/h: alrededor de 4,6 s
– Velocidad máxima: 301 km/h
– Peso: aprox. 1.560 kg
El chasis de aluminio ASF era una obra de arte en rigidez y ligereza. El reparto de pesos, la precisión de la dirección, la calidad del frenado y la aerodinámica integrada hicieron que el coche tuviera un comportamiento impecablemente neutro, incluso a ritmos muy elevados.
El R8 no buscaba intimidar; buscaba confianza. Y lo conseguía con una facilidad pasmosa.
Por qué es especial este coche
El R8 4.2 es especial porque representa el nacimiento de un superdeportivo alemán moderno que desafió todo lo establecido. No era un coche de marketing: era un coche de ingenieros, uno de esos modelos donde cada detalle está pensado para el conductor.
Es especial porque fue el primer Audi que rompió la imagen de coche frío y distante. El R8 se sentía vivo, ligero, comunicativo. El V8 atmosférico tiene un carácter sublime: sube de vueltas con una progresividad casi musical, suena metálico y afilado, y ofrece sensaciones que hoy, en plena era turbo e híbrida, ya casi no existen.
Y también es especial porque, con el paso del tiempo, ha demostrado algo que pocos superdeportivos consiguen: fiabilidad, uso real, resistencia mecánica y una calidad de construcción sobresaliente.
El R8 es uno de los pocos deportivos exóticos que puedes conducir cada día.
Palmarés en competición
Aunque la versión de calle no fue creada directamente para competir, el R8 heredaba toda la experiencia acumulada por Audi con sus prototipos de resistencia. El nombre R8 se tomó del legendario LMP que ganó Le Mans cinco veces en seis años.
La versión R8 LMS, basada en el 4.2 FSI, debutó en GT3 y rápidamente se convirtió en un referente de resistencia:
– Victorias en Nürburgring 24h
– Spa 24h
– Blancpain GT Series
– Campeonatos de GT en Europa, Asia y América
Su comportamiento predecible, su fiabilidad mecánica y su equilibrio lo convirtieron en un arma perfecta para equipos privados.
El R8, tanto en calle como en circuito, se ganó una reputación que pocas marcas pueden comprar: la reputación de un coche bien hecho.
Valor de mercado
Precio nuevo (2007–2010):
– Aproximadamente 120.000–130.000 € según equipamiento y país.
Unidades fabricadas del V8 4.2:
La cifra total exacta no es pública, pero se estima entre 15.000 y 20.000 unidades en todas sus variantes y años.
Valor actual (2024–2025):
– Unidades bien mantenidas: 50.000–70.000 €
– Manuales: 65.000–85.000 €
– Especificaciones perfectas o muy poco kilometraje: 90.000 €+
El manual es ya un unicornio. Y seguirá siéndolo.
Qué mirar al comprar uno
Aquí entran los puntos prácticos que un buen comprador debe conocer:
– R-Tronic: algo brusca y menos apreciada; revisar embrague y actuadores.
– Consumo de aceite: normal en estos V8, pero debe ser estable y predecible.
– Colectores y catalizadores: pueden desgastarse en unidades muy rodadas.
– Suspensión magnética (MagRide): cara de sustituir si falla; comprobar que no haya fugas.
– Frenos: en coches pesados y potentes pueden necesitar rotación frecuente; revisar discos y pastillas.
– Tren delantero: controlar holguras y silentblocks.
– Historial: fundamental. Un R8 bien llevado es eterno; uno mal tratado puede arruinarte.
– Neumáticos: exige gomas de calidad; su comportamiento depende mucho de ellas.
El R8 es un coche robusto, pero exige mantenimiento de superdeportivo.
Potencial de revalorización
El R8 4.2 FSI V8 está entrando en una fase muy interesante. Su motor atmosférico, su diseño atemporal y su condición de “primer superdeportivo de Audi” lo convierten en un futuro clásico con recorrido claro.
La desaparición de motores atmosféricos, el avance de la electrificación y la llegada masiva de turbos hacen que el 4.2 FSI tenga cada vez más valor emocional.
Además, es un coche que genera confianza en el mercado: no es frágil, no es temperamental, no es caprichoso en mantenimiento.
A medio plazo (5–10 años), es razonable pensar que:
– Los manuales pueden alcanzar los 100.000–120.000 €.
– Las versiones bien conservadas estabilizarán su valor alrededor de los 70.000–90.000 €.
Es uno de los superdeportivos modernos con mejor potencial de apreciación.
Por qué incluirlo en una colección
Porque es uno de los últimos grandes V8 atmosféricos de Europa.
Porque representa el nacimiento de una era para Audi, es usable, fiable, bello, emocional y exclusivo sin ser pretencioso. Combina diseño icónico, ingeniería de primera y sensaciones puras al volante y su mantenimiento, aunque no barato, no es devastador comparado con otros superdeportivos.
Y porque ofrece algo que muy pocos coches ofrecen ya: sensación de coche analógico moderno, una mezcla que desaparece con los años. El R8 4.2 es la pieza ideal para una colección que busca valor, historia y emoción.
Opinión personal
El R8 4.2 FSI es uno de esos coches que te recuerdan por qué nos gusta conducir. No necesita cifras extremas ni aspavientos. Su belleza es natural, su sonido es adictivo y su tacto es sorprendentemente noble.
No te intimida: te invita. No te exige: te recompensa. Es un coche que te hace sentir parte de la ingeniería, que te deja escuchar y leer lo que pasa bajo tus manos y tus pies.
Creo sinceramente que es uno de los superdeportivos más infravalorados del siglo XXI. Y creo también que es una de las mejores compras que se pueden hacer hoy en el mundo del coche con alma.
El R8 4.2 tiene lo que muchos coches modernos han perdido: humanidad.









Fuente de fotografías issimi.com
