Mazda RX-7 FD
El icono rotativo definitivo

Presentación del modelo
El Mazda RX-7 FD3S es uno de los deportivos japoneses más icónicos de todos los tiempos. Lanzado en 1992, Mazda buscaba crear un coche capaz de enfrentarse a Porsche, Nissan y Toyota con una filosofía distinta: ligereza, equilibrio y un motor rotativo que desafiaba todas las normas de la ingeniería tradicional.
El RX-7 FD no se apoyaba en la fuerza bruta, sino en la precisión. Su diseño fluido, sin aristas, parecía esculpido por el viento. Su comportamiento, ágil y directo, lo acercaba más al mundo de los coches exóticos que al de los deportivos generalistas.
Y en cuanto uno lo conducía, descubrías que no solo se veía diferente… también se sentía diferente. El sonido del 13B, la entrega progresiva de los turbos secuenciales y la ligereza del conjunto hacían que cada curva fuese una experiencia intensa y adictiva.
El RX-7 FD es uno de esos coches que no se olvidan. Tiene una personalidad tan marcada que deja huella incluso si solo lo ves pasar.
Características técnicas
El corazón del RX-7 es el legendario 13B-REW, un motor rotativo biturbo secuencial que convirtió al FD en un coche adelantado a su tiempo.
– Motor: 13B-REW, rotativo de dos rotores
– Potencia: 239–280 CV según mercado y año
– Par máximo: 294–314 Nm
– Turbos: sistema biturbo secuencial
– Transmisión: manual de 5 velocidades (6 en Spirit R)
– 0–100 km/h: aprox. 5,0–5,5 s
– Velocidad máxima: 250 km/h
– Peso: 1.250 kg aprox.
– Reparto de pesos: prácticamente 50:50
La configuración biturbo secuencial permitía una entrega suave a bajas rpm y una explosión de potencia en la zona alta. Sumado a un chasis ligero, suspensión independiente y dirección muy directa, el RX-7 FD ofrecía una de las experiencias de conducción más puras de los 90.
Por qué es especial este coche
El RX-7 FD es especial porque representa una filosofía de ingeniería única. Cuando el resto del mundo apostaba por cilindros y desplazamientos, Mazda decidió seguir perfeccionando su motor rotativo. El resultado fue un deportivo capaz de combinar ligereza, potencia y una estética futurista.
Es especial porque no se parece a nada:
– Su motor suena distinto.
– Su manera de ganar potencia es distinta.
– Su comportamiento es distinto.
– Su estética es distinta.
Cada detalle transmite la sensación de estar conduciendo algo diseñado con pasión y sin concesiones.
Y si añadimos que el FD tiene uno de los diseños más atemporales jamás creados en Japón, entendemos por qué su estatus no deja de crecer.
Palmarés en competición
El RX-7 ha sido uno de los coches más exitosos de Mazda en competición. El FD mantuvo el legado del FC y participó en múltiples categorías:
– JGTC (hoy Super GT): logró victorias destacadas frente a rivales mucho más potentes.
– Le Mans y resistencia: aunque no con el FD directamente, el ADN rotativo ya había demostrado su eficacia con la mítica victoria del 787B en 1991.
– Time Attack y campeonatos de circuito: su ligereza lo hacía extremadamente competitivo.
– Drift: su equilibrio y potencia lo convirtieron en una leyenda del drifting japonés.
El FD siempre ha sido un coche querido por pilotos y preparadores gracias a su chasis y su capacidad para mejorar con modificaciones.
Valor de mercado
Precio nuevo (1992–2002):
– Entre 4.200.000 y 4.800.000 yenes, equivalentes a unos 32.000–38.000 € de la época.
Unidades fabricadas:
– Aproximadamente 68.500 unidades, la mayoría destinadas al mercado japonés.
Valor actual (2024–2025):
– Buen estado: 45.000–60.000 €
– Unidades excelentes: 65.000–90.000 €
– Importaciones japonesas con historial impecable: 90.000–110.000 €
– Ediciones Spirit R: 110.000–150.000 €, en clara subida
La escasez de unidades sin modificar está impulsando los precios rápidamente.
Qué mirar al comprar uno
El RX-7 es espectacular, pero no es un coche para descuidados. Los puntos clave son:
– Salud del motor rotativo: compresión, arranque en frío, temperatura y fugas.
– Turbos secuenciales: deben funcionar en ambos rangos; fallan si no se mantienen.
– Sistema de refrigeración: vital; el 13B sufre si se calienta.
– Mangueras y vacío: el FD tiene muchas; cualquier fuga afecta al rendimiento.
– Suspensión: revisar holguras y componentes fatigados.
– Historial de modificaciones: abundan; los stock valen muchísimo más.
– Chasis: comprobar golpes, especialmente en importaciones.
– Electricidad: algunas unidades presentan fallos por antigüedad.
Un RX-7 bien llevado y bien mantenido es una joya. Uno mal cuidado puede convertirse en un proyecto interminable.
Potencial de revalorización
El Mazda RX-7 FD es uno de los coches japoneses con mayor potencial actual. Su mezcla de estética icónica, escasez, motor rotativo y enorme legado lo coloca al nivel del Supra MK4, el NSX y el Skyline R32/R34.
Durante los últimos cinco años no ha dejado de subir y la tendencia apunta a que seguirá así:
– Buenas unidades: 60.000–90.000 €
– Unidades excepcionales: 100.000 €+
– Spirit R: potencial para superar los 160.000 € en los próximos años
El FD ya no es solo un deportivo: es un símbolo de una época.
Por qué incluirlo en una colección
El RX-7 FD tiene una mezcla de exotismo y pureza que lo hace irresistible. Su diseño fluido, casi orgánico, sigue pareciendo moderno incluso décadas después. La forma en la que entrega la potencia, la ligereza del conjunto y la sensación de precisión en cada curva lo convierten en un coche que se vive más que se conduce.
Un RX-7 aporta carácter a cualquier colección. Es el tipo de coche que habla por sí mismo, que destaca sin necesitar exageraciones, que atrae miradas de entusiastas y curiosos por igual. Representa un enfoque de ingeniería que ya no existe y una valentía técnica que pocas marcas han tenido.
Opinión personal
El Mazda RX-7 FD es uno de los deportivos más especiales que han salido de Japón. Tiene personalidad, tiene alma y tiene una estética que parece hecha para ser vista en movimiento. Conducirlo es una experiencia sensorial única: el sonido del rotativo, la entrada del segundo turbo, la ligereza del chasis…
Es un coche que te recuerda que el automovilismo también es emoción, riesgo y belleza mecánica.
Para mí, el FD3S es una obra de arte.
Una pieza que merece cuidarse, disfrutarse y preservarse como lo que es: un icono irrepetible.








Fuente Fotográfica Tomini Classics
