Mis coches: Nissan 350Z (2004)
El Z que restauré, mejoré y disfruté como pocos

Presentación del modelo
El Nissan 350Z es uno de esos coches que te recuerdan por qué el mundo del motor engancha. Es visceral, analógico, directo y honesto. Un deportivo puro de los que ya no se hacen.
El mío tenía 82.000 km, una base magnífica para construir un proyecto sólido. Lo compré por 10.500 €, sabiendo que era un coche con alma, con carácter y con un margen enorme para convertirlo en algo verdaderamente especial.
Este 350Z acabó siendo uno de los proyectos que más he disfrutado en mi vida: el equilibrio perfecto entre mejora, estética, conducción y emociones.
Características técnicas
El 350Z montaba el VQ35DE, un V6 atmosférico de 3.5 litros con alrededor de 280 CV según versión. Un motor contundente, lleno de par, duro como una roca y con un sonido metálico que te hablaba cada vez que subías de vueltas.
Su chasis de propulsión trasera, dirección comunicativa y cambio manual lo convertían en un deportivo puro, con sensaciones de verdad, sin filtros electrónicos excesivos y con un comportamiento noble pero con carácter.
Por qué es especial
Porque es uno de los deportivos más auténticos de los 2000.
Un coche que no pretende ser ligero ni elegante: pretende ser divertido. Puro. Fiel a la filosofía Z-Car.
Y porque este proyecto, en concreto, se convirtió en algo muy personal: un coche al que le dediqué trabajo, mejoras, cariño y horas… y que me devolvió sensaciones que otros coches mucho más caros no me han dado nunca.
Palmarés en competición
El 350Z ha sido protagonista en drift, time-attack y competiciones amateur de todo tipo.
Es un coche elegido por muchos pilotos por su equilibrio, su motor indestructible y su capacidad para asumir modificaciones sin quejarse.
Hereda la esencia de los Z de toda la vida: coches para disfrutar en carretera y para aprender en circuito.
Valor de mercado
Lo compré por 10.500 €, un precio muy bueno para un 350Z con kilometraje bajo y una base sólida.
Después de todas las mejoras, homologación y el trabajo estético, quedó en un estado excepcional.
Lo vendí finalmente por 19.000 €, lo que me dejó un beneficio final de 2.000 € después de descontar una inversión total de 6.500 € en modificaciones, mantenimiento y estética.
Un coche que no solo mantuvo su valor: lo potenció.
Qué le hice para ponerlo a punto
Este fue uno de los proyectos más completos que he hecho. A nivel dinámico, monté unas suspensiones BC Racing y unos silentblocks Powerflex de dirección, dejando el tren delantero firme y preciso.
Le hice cambio de aceite y filtros, sustituí la correa de la bomba de agua, instalé bujías de iridio, alineación completa y ajusté el cambio para recuperar tacto. Cambié el sensor de aceite, un sensor de dirección, el ventilador y el termostato, dejando la mecánica impecable.
A nivel estético, monté el parachoques delantero Nismo V2, las taloneras Nismo V2 y un parachoques trasero Charge Speed modificado artesanalmente, dándole una presencia espectacular.
Lo pinté entero en gris, y el resultado fue simplemente brutal. Homologué todo para dejarlo 100% legal y documentado.
Potencial de revalorización
El 350Z está subiendo. Las unidades manuales, bien mantenidas y con modificaciones de calidad, están cada vez más buscadas.
Su carácter analógico y su motor indestructible lo han convertido en uno de los deportivos japoneses más valorados de su época.
Es un coche que, bien cuidado, seguirá subiendo de forma natural.
Por qué fue una buena pieza para mi colección
Porque lo tenía todo: sensaciones, estética, sonido y presencia.
Era un coche que te pedía conducirlo, que te hacía sonreír en cada aceleración y que te recordaba que no hace falta gastarse una fortuna para disfrutar de verdad.
Además, fue un proyecto agradecido: cada mejora se notaba. Cada reparación sumaba. Cada decisión lo hacía mejor.
Opinión personal
Este 350Z fue uno de los coches que más he disfrutado en toda mi vida.
Tenía carácter, tenía alma y tenía esa crudeza que tanto echo de menos en los deportivos modernos.
Lo mejoré, lo dejé perfecto, lo disfruté como pocos y lo vendí en su mejor momento.
Dejó un beneficio simbólico, pero dejó algo mucho más valioso: recuerdos. De los buenos.

































